William Shakespeare

RICARDO III

 

 

CUADRO GENEALÓGICO DE LOS REYES DE INGLATERRA

(de 1312 a 1485)

 

Eduardo III (1312-1377)

 

 

Eduardo Lionel Juan de Gante Edmundo de Langley Tomás de Woodstock

(El Príncipe Negro) (Duque de Clarence) (Duque de Lancaster) (Duque de York) (Duque de Gloucester)

 

 

RICARDO II Enrique Bolingbroke Eduardo Ricardo

(1367-1400) (Duque de Hereford) (Conde de Rutland, (Conde de Cambridge)

Duque de Aumerle)

ENRIQUE IV

(1367-1413)

 

 

ENRIQUE V

(1387-1422) Ricardo Plantagenet

(Duque de York)

ENRIQUE VI

(1421-1471)

 

Eduardo IV RICARDO III

(1442-1483) (1452-1485)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DRAMATIS PERSONAE

 

RICARDO II, rey de Inglaterra

La REINA Isabel, su esposa

Juan de GANTE, Duque de Lancaster y tío del rey

Enrique BOLINGBROKE, Duque de Hereford, hijo de Juan de Gante y futuro rey Enrique IV

DUQUESA DE GLOUCESTER, viuda de Tomás de Woodstock, Duque de Gloucester y tío del rey

Duque de YORK, tío del rey

DUQUESA DE YORK

Duque de AUMERLE, su hijo

Tomás MOWBRAY Duque de Norfolk

 

GREEN

BAGOT favoritos del rey

BUSHY

 

Percy, Conde de NORTHUMBERLAND

 

 

 

Enrique PERCY su hijo

Lord Ross partidarios de Bolingbroke

Lord WILLOUGHBY

 

Conde de SALISBURY

OBISPO DE CARLISLE partidarios del rey

Sir Esteban SCROOP

Lord BERKELEY

Lord FÍTZWATER

Duque de SURREY

ABAD DE WESTMINSTER

Sir Piers EXTON

LORD MARISCAL

HERALDOS

CAPITÁN del ejército galés

DAMAS de compañía de la reina

JARDINERO

AYUDANTES del jardinero

CRIADOS

CARCELERO de la prisión de Pomfret

MOZO de cuadra

 

Nobles, soldados, guardias, acompañamiento.

 

 

VIDA Y MUERTE DEL REY RICARDO II

I.i Entran el rey RICARDO y Juan de GANTE, con otros nobles y acompañamiento.

 

RICARDO

Anciano Juan de Gante, venerado Lancaster,

¿has traído a tu audaz hijo, Enrique de Hereford,

según tu juramento y compromiso,

para que pruebe la violenta acusación,

que mis tareas me impidieron atender,

contra el Duque de Norfolk, Tomás Mowbray?

GANTE

Sí, Majestad.

RICARDO

Dime también: ¿Le has sondeado para ver

si acusa al duque por viejo rencor

o dignamente, como cumple a un buen vasallo,

por hechos conocidos de traición?

GANTE

Por lo que he podido tantearle,

le acusa por un claro peligro contra vos

que ha visto en él, no por rencor obstinado.

RICARDO

Traedlos, pues, a mi presencia. Cara a cara

y ceño contra ceño, ante nos

libremente hablarán acusador y acusado.

Ambos son altivos y, en su ensañamiento,

sordos como el mar, prontos como el fuego.

 

Entran BOLINGBROKE y MOWBRAY.

 

BOLINGBROKE

¡Viva muchos años de felices días

mi augusto soberano, mi afable Majestad!

MOWBRAY

¡Cada día más feliz que el anterior,

hasta que el cielo, envidiando la suerte de la tierra,

añada un título eterno a vuestra corona!

RICARDO

Gracias a ambos; mas uno de los dos me adula,

a juzgar por el pleito que aquí os trae:

acusar de alta traición el uno al otro.

Primo Hereford, ¿cuáles son tus cargos

contra el Duque de Norfolk, Tomás Mowbray?

BOLINGBROKE

Primero - el cielo atestigüe mis palabras -,

con lealtad fervorosa de vasallo,

mirando por la seguridad de mi príncipe

y libre de rencores ilegítimos,

ante vos comparezco como acusador. –

Ahora, Tomás Mowbray, me vuelvo hacia ti,

y advierte el tratamiento, pues mis cargos

mi cuerpo ha de probarlos en la tierra

o mi alma defenderlos en el cielo.

Eres un traidor y un desleal,

muy noble para serlo y muy ruin para estar vivo:

cuanto más claro está el cielo y más relumbra,

más horribles son las nubes que lo surcan.

Una vez más, agravando tu baldón,

hundo en tu garganta el nombre de traidor

y, antes de partir, quiero, con la venia,

demostrarlo con mi espada justiciera.

MOWBRAY

Que mi calma no desmienta mi lealtad.

No es el forcejeo de una riña de mujeres,

el estrépito de lenguas afiladas,

lo que va a decidir nuestra querella.

Aún hierve la sangre que la muerte ha de enfriar.

Mas tampoco puedo blasonar de una dulzura

que me hace callar y no decir palabra.

Primero, el respeto que os profeso me impide

dar rienda y espuela a mi discurso,

que volaría para hundir en su garganta,

redoblados, esos cargos de traición.

Descartando la grandeza de su sangre

y cual si no fuera pariente de mi rey,

yo aquí le desafío y le escupo,

y le llamo ruin, calumniador y cobarde.

Para mantenerlo, le daré ventaja

y le haré frente, aunque tenga que correr

hasta las crestas heladas de los Alpes

o cualquier otra tierra inhabitable

que nunca inglés alguno haya pisado.

Mientras, juro, defendiendo mi lealtad,

que ha mentido con rotunda falsedad.

BOLINGBROKE

Cobarde tembloroso, ahí te arrojo el guante,

despojándome de parentesco con el rey

y descartando la grandeza de mi sangre,

que por miedo y no respeto has invocado.

Si el temor culpable te ha dejado fuerzas

para coger la prenda de mi honor, agáchate.

Por éste y demás ritos de la caballería,

con mi brazo he de probarte cuanto he dicho

frente a la peor de tus mentiras.

MOWBRAY

La recojo, y te juro por la espada

que noblemente me hizo caballero

que voy a responderte conforme a razón

o en combate, según manda la caballería.

Una vez montado, que yo muerto caiga

si soy un traidor o injusta es mi causa.

RICARDO

¿Qué le imputa a Mowbray mi pariente?

Muy grave ha de ser lo que me transmita

una sombra de duda sobre él.

BOLINGBROKE

Con mi vida responderé de mis palabras:

Mowbray ha recibido tres mil libras

como adelanto para vuestra real hueste

y las ha retenido con fines innobles

cual falso y perverso traidor.

Además, digo, y lo probaré en combate,

aquí o donde sea, hasta el confín más remoto

que ojos ingleses hayan divisado,

que todas las traiciones de estos dieciocho años

fraguadas y urdidas en este país

manan y brotan del falso Mowbray.

También digo y también me propongo

mantenerlo sobre su ruin vida,

que él tramó la muerte del Duque de Gloucester,

tentó a sus bien dispuestos enemigos

y después, cual cobarde y vil traidor,

vació su alma inocente en un río de sangre

que, como la del inmolante Abel,

desde las fosas mudas de la tierra

a mí clama justicia y duro castigo.

Por mi clara estirpe y por su valía,

que lo hará mi brazo o cesará mi vida.

RICARDO

De muy alto vuelo es su decisión.

Tomás de Mowbray, ¿qué dices a esto?

MOWBRAY

Que mi soberano desvíe la mirada

y por un momento haga oídos sordos

hasta que le diga a esta infamia de su sangre

cuánto odian Dios y el hombre a un vil embustero.

RICARDO

Mowbray, imparciales son mis ojos y oídos.

Aunque él fuera mi hermano o el príncipe heredero,

y no el hijo del hermano de mi padre,

juro por la obediencia debida a mi cetro

que la proximidad a mi sagrada sangre

en nada ha de torcer o perturbar

la erguida firmeza de mi rectitud.

Igual que tú, Mowbray, él es mi vasallo;

habla libremente: no tengas reparo.

MOWBRAY

Entonces, Bolingbroke, desde el fondo del pecho

hasta tu falaz garganta, mientes.

Tres partes de lo que recibí para Calais

las pagué debidamente a los soldados.

Me quedé con la otra parte por acuerdo,

pues conmigo estaba en deuda nuestro rey

por el resto de una cuenta de valor

desde que de Francia le traje a su esposa.

Trágate tu mentira. Respecto a Gloucester,

yo no le maté, aunque, para mi deshonra,

descuidé mi lealtad en este caso. -

En cuanto a vos, mi señor de Lancaster

y honorable padre de mi enemigo,

una vez os quise matar en emboscada,

pecado que atormenta mi conciencia.

Pero antes de tomar el sacramento

yo lo confesé, y expresamente pedí

vuestro perdón, que espero haber tenido.

Ésta es mi culpa. Las demás imputaciones

emanan del rencor de un depravado,

de un traidor degenerado y cobarde;

lo cual defenderé con valentía,

y en respuesta arrojo aquí mi guante

a los pies de este fatuo desleal

para probar mi fe de caballero

haciéndole verter su mejor sangre.

Vivamente pido, pues siento impaciencia,

que mi rey señale el día de la prueba.

RICARDO

Airados señores, haced lo que os diga:

purgad vuestra bilis sin sacaros sangre.

Ésta es mi receta, aunque no sea médico,

que el hondo rencor saja muy adentro.

Haya olvido, paz, perdón y armonía:

no es mes, dice el sabio, para las sangrías.

Buen tío, que todo vuelva a su principio.

Yo calmo al Duque de Norfolk; tú, a tu hijo.

GANTE

El pacificar, bien le cuadra a un viejo.

El guante del duque, hijo, tira al suelo.

RICARDO

¡Mowbray, tira el suyo!

GANTE

Enrique, ¿te obstinas?

La obediencia manda que no lo repita.

RICARDO

¡Arrójalo, Mowbray! Te lo manda el rey.

MOWBRAY

Yo me arrojo, Majestad, a vuestros pies.

Mandáis en mi vida, pero no en mi honor.

Mi vida se os debe; mi buen nombre, no,

pues, cuando yo muera, sobrevivirá,

y para el oprobio no os lo voy a dar.

Me acusan, me afrentan, me hieren el alma

con el dardo venenoso de la infamia,

cuya sola cura es la sangre del pecho

que exhala ponzoña.

RICARDO

La ira frenemos.

Dame el guante: el león doma al leopardo.

MOWBRAY

Sin cambiar sus manchas. Quitadme el agravio

y entregaré el guante. Mi amado señor,

en nuestra existencia la joya mayor

es un nombre limpio. Si nos lo arrebatan,

el hombre no es más que arcilla dorada.

Un ánimo audaz en un pecho honrado

es gema en un cofre diez veces cerrado.

Mi honor es mi vida; con ella florece.

Quitadme el honor y mi vida muere.

Permitid, buen rey, que mi honor defienda;

si vivo con él, por él yo perezca.

RICARDO

Vamos, primo, tira el guante. Tú primero.

BOLINGBROKE

¡Dios me libre de pecado tan horrendo!

¿He de quedar encogido ante mi padre

o empañar mi rango ante este cobarde

cual triste mendigo? Antes que mi lengua

injurie mi honor con esa flaqueza

o con tregua innoble, arranquen mis dientes

el órgano abyecto del temor que cede

y sangrando se lo escupa con su mancha

al rostro de Mowbray, cubil de la infamia.

 

Sale GANTE.

 

RICARDO

Nací para mandar, no para pedir

y, pues no consigo poneros a bien,

presentaos, porque en ello os va la vida,

el día de San Lamberto en Coventry.

Decidan allí la lanza y el hierro

el crudo litigio de un odio tan fiero.

Pues no puedo uniros, dicte la justicia

quién gana este duelo de caballería.

Lord Mariscal, que el rey de armas prepare

cuanto es de rigor para este combate.

 

Salen.

 

I.ii Entra Juan de GANTE con la DUQUESA DE GLOU¬CESTER.

 

GANTE

Ah, ser yo de la sangre de Gloucester

me mueve mucho más que tus lamentos

a entrar en acción contra sus asesinos.

Mas, ya que el correctivo está en las manos

de quien hizo el mal que no podemos corregir,

confiemos nuestra causa a la voluntad del cielo,

que, cuando vea la tierra en sazón,

hará llover su venganza sobre los culpables.

DUQUESA DE GLOUCESTER

¿No tiene espuela más viva la fraternidad?

¿Ya no arde el amor en tu vieja sangre?

Los siete hijos de Eduardo, de los que eres uno,

eran como siete vasos de su santa sangre

o siete hermosas ramas de una misma raíz.

A algunas las ha marchitado la naturaleza,

a otras las ha cortado el destino,

pero a Tomás, mi amado esposo, mi vida, mi Gloucester,

vaso lleno de la santa sangre de Eduardo,

rama florida de su muy regio tronco,

lo ha quebrado, y vertido el rico licor,

lo ha partido, y secado sus hojas de estío,

la mano del odio y el hacha sangrienta del crimen.

¡Ah, Gante! Su sangre era tuya. El lecho, el vientre,

la carne, el molde que a ti te formó

a él le hizo un hombre y, aunque vives y alientas,

estás muerto en él. En gran medida

consientes en la muerte de tu padre

al ver morir a tu desdichado hermano,

que era la viva estampa de tu padre.

No lo llames paciencia, Gante: es desesperanza.

Al permitir que a tu hermano hayan matado,

arriesgas el camino de tu vida

enseñando al rudo crimen a matarte.

Lo que en un ser común llamamos paciencia,

en un pecho noble es ruin cobardía.

¿Qué voy a decirte? Para salvar tu propia vida

lo mejor es vengar la muerte de mi Gloucester.

GANTE

De Dios es el pleito, pues Su delegado,

ungido que fue ante Sus ojos,

ha causado esta muerte; si fue injusta,

vénguela el cielo, pues yo no alzaré

ningún brazo airado contra Su ministro.

DUQUESA DE GLOUCESTER

Entonces, ¡ay de mí!, ¿ante quién puedo quejarme?

GANTE

Ante Dios, paladín y defensa de la viuda.

DUQUESA DE GLOUCESTER

Pues lo haré. Adiós, anciano Gante.

Vas a Coventry, a presenciar la lucha

de mi sobrino Hereford y el fiero Mowbray.

¡Ah, pon mis agravios en la lanza de Hereford,

que traspase el pecho asesino de Mowbray!

O, si falla en la primera embestida,

pesen tanto en su pecho los pecados de Mowbray

que deslomen su corcel espumeante

y lancen al jinete a la palestra de cabeza,

quedando el vil cobarde a merced de nuestro Hereford.

Hermano, adiós: esta viuda de tu casta

morirá con el dolor que la acompaña.

GANTE

Adiós, hermana. Yo a Coventry he de ir.

Dios quede contigo, y que me asista a mí.

DUQUESA DE GLOUCESTER

Sólo dos palabras. Al caer, el dolor bota,

y no del vacío, sino por su peso.

Me despido antes de hablarte, pues la pena

no se acaba cuando nos parece muerta.

Encomiéndame a tu hermano Edmundo de York.

Bien, es todo. Mas no partas todavía:

aunque es todo, no te vayas tan deprisa.

Recordaré algo más. Dile - ah, ¿qué? –

que venga a verme a Pleshey sin más demora.

Mas, ¡ay!, allá, ¿qué ha de ver el buen York ahora

sino estancias vacías, paredes desnudas,

piedras sin hollar, cocinas desiertas?

¿Y qué bienvenida sino amargas quejas?

Dale mis recuerdos: no ha de visitarme

buscando un dolor que está en todas partes.

Desolada, triste, a mi muerte parto.

Mi último adiós te lo doy con llanto.

 

Salen.

I.iii Entran el LORD MARISCAL y el Duque de AUMERLE.

 

LORD MARISCAL

Lord Aumerle, ¿está armado Enrique de Hereford?

AUMERLE

Sí, de todo punto, y ansía combatir.

LORD MARISCAL

El Duque de Norfolk, resuelto y animoso,

aguarda el toque de clarín de su adversario.

AUMERLE

Entonces los contendientes están prestos y sólo esperan la llegada del rey.

 

Toque de clarines. Entra el rey [RICARDO] con GANTE, BUSHY, BAGOT, GREEN y otros nobles. Cuando se han sentado, entran MOWBRAY, Duque de Norfolk, en armas, y un HERALDO.

 

RICARDO

Lord Mariscal, preguntad al combatiente

la razón de su presencia aquí, en armas.

Demandad su nombre y, como es de rigor,

que jure la justicia de su causa.

LORD MARISCAL

En nombre de Dios y del rey, decid quién sois,

por qué venís en armas como caballero,

contra quién venís y cuál es vuestra causa.

Decid la verdad por vuestra fe y juramento,

y que os guarden el cielo y vuestro arrojo.

MOWBRAY

Soy Tomás Mowbray, Duque de Norfolk,

y vengo aquí, obligado por mi juramento

- no permita Dios que lo viole un caballero -,

tanto a defender mi lealtad a Dios,

a mi rey y a mis descendientes

contra el Duque de Hereford, que me reta,

como, por la gracia de Dios y por mi brazo,

a probar, con mi defensa, que él es un traidor

a mi Dios, a mi rey y a mi persona.

¡Premie el cielo la lealtad de mi combate!

 

Toque de clarines. Entran [BOLING¬BROKE,] Duque de Hereford, en armas, y un HERALDO.

 

RICARDO

Lord Mariscal, preguntad al caballero en armas

quién es, por qué viene aquí

con coraza y atuendo de guerra

y, según las formalidades de la ley,

haced que jure la justicia de su causa.

LORD MARISCAL

¿Cómo os llamáis? ¿Por qué acudís

a la regia palestra ante el rey Ricardo?

¿Contra quién venís y cuál es la disputa?

Hablad como fiel caballero, y que el cielo os guarde.

BOLINGBROKE

Soy Enrique de Hereford, Lancaster y Derby,

y me presento en armas, dispuesto

a probar en combate, por la gracia de Dios

y mi arrojo, que Tomás Mowbray, Duque de Norfolk,

es un traidor infecto y peligroso

al Dios del cielo, al rey y a mi persona.

¡Premie el cielo la lealtad de mi combate!

LORD MARISCAL

Bajo pena de muerte, no tenga ninguno

la osadía de entrar en la palestra,

excepto el Mariscal y aquellos oficiales

designados para este noble cometido.

BOLINGBROKE

Lord Mariscal, dejad que bese la mano del rey

y doble la rodilla ante Su Majestad,

pues Mowbray y yo somos cual dos hombres

que hacen voto de larga peregrinación.

Permitidnos, pues, una solemne despedida

y un sentido adiós a todos los nuestros.

LORD MARISCAL

Majestad, el retador os saluda lealmente

y desea besaros la mano y despedirse.

RICARDO

Descenderé para abrazarle.

Primo de Hereford, cual tu causa es justa,

así sea tu suerte aquí en esta lucha.

Adiós, sangre mía; si tú hoy la viertes,

habré de sentirla, no vengar la muerte.

BOLINGBROKE

No malgaste llanto ningún ojo noble

por mí si me hiere la lanza de Mowbray.

Seguro cual vuela el halcón contra el pájaro,

así yo ahora a Mowbray pretendo afrontarlo.

Mi amado señor, de vos me despido. -

Y de ti, noble primo, lord Aumerle;

trato con la muerte, mas no estoy enfermo,

sino joven, fuerte y con gozoso aliento.

Lo más exquisito, como en un festín,

pues lo hace más dulce, dejo para el fin. –

Vos, autor terrenal de mi sangre,

cuyo espíritu joven, en mí renacido,

me levanta con doble vigor

para que alcance una alta victoria,

reforzad mi armadura con las preces

y, bendiciéndome, haced mi lanza de acero

para que traspase la cota de cera de Mowbray

y dé nuevo brillo al nombre de Gante

en la acción vigorosa de su hijo.

GANTE

Dios te sea propicio en tu justa causa.

Sé rápido cual rayo en el combate

y que tus golpes, doblemente redoblados,

caigan como el trueno aturdidor sobre el casco

de tu infame adversario y enemigo.

¡Excita esa sangre joven, triunfa y vive!

BOLINGBROKE

¡Pues que mi inocencia y San Jorge me auxilien!

MOWBRAY

Comoquiera que Dios o Fortuna dicten mi suerte,

vivirá o morirá, fiel al rey Ricardo,

un leal y honorable caballero.

Jamás un cautivo arrojó con más alegría

sus cadenas serviles y abrazó

su dorada y abierta libertad

que mi alma gozosa celebra

el festín de esta lucha contra mi adversario.

Poderoso rey, nobles compañeros,

años de ventura yo ahora os deseo.

Como el que va a fiestas, voy yo a pelear:

en pecho sereno vive la verdad.

RICARDO

Adiós, mi señor. Observo tranquilo

virtud y valor en tu ojo unidos.

Mariscal, disponed el comienzo de la lucha.

LORD MARISCAL

Enrique de Hereford, Lancaster y Derby,

recibid vuestra lanza y haga Dios justicia.

BOLINGBROKE

Fuerte como torre en la esperanza, digo amén.

LORD MARISCAL

Llevadle esta lanza a Tomás, Duque de Norfolk.

HERALDO 1.°

Enrique de Hereford, Lancaster y Derby

comparece, por Dios, por su rey y por sí mismo,

bajo pena de perjurio y felonía,

para probar que el Duque de Norfolk, Tomás Mowbray,

es traidor a su Dios, a su rey y a sí mismo

y le reta a emprender este combate.

HERALDO 2.°

Y comparece Tomás Mowbray, Duque de Norfolk,

bajo pena de perjurio y felonía,

para defenderse y demostrar

que Enrique de Hereford, Lancaster y Derby

es traidor a Dios, al rey y a sí mismo.

Animoso y con noble deseo

aguarda la señal para empezar.

LORD MARISCAL

¡Suenen los clarines y avancen los rivales!

 

Toque de clarines.

 

¡Alto! ¡El rey ha arrojado su vara!

RICARDO

Que los dos dejen sus cascos y sus lanzas

y vuelvan a ocupar sus asientos. –

Reunámonos, y suenen los clarines

hasta que informe a los duques de nuestra decisión.

 

Toque de clarines prolongado.

 

Acercaos y escuchad

lo que nos y el Consejo hemos dispuesto.

Porque la tierra de mi reino no se manche

con la querida sangre que ha nutrido,

porque repugna a mis ojos contemplar

heridas labradas con acero de hermanos,

por cuanto creo que el vuelo altivo

de miras ambiciosas que aspiran al cielo

os incita en vuestro encono de rivales

a despertar la paz que en la cuna de la patria

respira como un niño el grato sueño,

y como el estruendo de tambores discordantes,

la horrísona estridencia de trompetas

y el chocar del colérico hierro

ahuyentarían la hermosa paz de este país

y nos harían vadear en sangre de familia,

os destierro a los dos de mis dominios. –

Tú, primo Hereford, bajo pena de muerte,

hasta que diez estíos adornen los campos,

no volverás a saludar mis territorios

y hollarás la senda extraña del destierro.

BOLINGBROKE

Cúmplase vuestro deseo. Me consuela

que habrá de alumbrarme el sol que os calienta

y que los dorados rayos que él os da

también mi destierro habrán de dorar.

RICARDO

Norfolk, para ti la condena es aún más dura

y la dicto con cierto disgusto.

Las horas furtivas y lentas no pondrán fin

al transcurso de tu duro destierro.

El desconsolador «nunca volverás»

bajo pena de muerte contra ti pronuncio.

MOWBRAY

Dura es la sentencia, mi augusto señor,

y no la esperaba yo de vuestros labios.

Mejor recompensa, y no la honda herida

de ser arrojado al aire común,

creo haber merecido de Vuestra Majestad.

La lengua que he aprendido estos cuarenta años,

mi inglés materno, he de abandonar,

y ya no me será de más provecho

que una viola o un arpa sin cuerdas

o un ingenioso instrumento en su caja,

o que, abierta ésta, es puesto en manos

de quien no sabe sacarle armonías.

En mi boca encarceláis mi lengua

con la doble reja de dientes y labios,

y la torpe ignorancia, yerma e insensible,

será la carcelera que me guarde.

A mi edad no voy a complacer a la nodriza

y tengo muchos años para ser alumno.

Si no muerte muda, ¿qué es vuestra sentencia

que el materno aliento prohíbe a mi lengua?

RICARDO

Pedir compasión de nada te vale:

tras esta sentencia plañir viene tarde.

MOWBRAY

Atrás dejo entonces el sol de mi tierra:

viviré en las sombras de la noche eterna.

RICARDO

Retorna y presta juramento. -

Poned vuestras manos sobre mi real espada.

Por la obediencia que debéis al cielo

- y mi parte la destierro con vosotros -,

jurad que cumpliréis lo que ahora os mando:

que, por Dios y vuestra fe, jamás

procuraréis vuestra amistad en el destierro,

ni os miraréis a la cara el uno al otro,

ni os escribiréis, saludaréis, ni calmaréis

la hosca tempestad de vuestro encono,

y nunca os reuniréis expresamente

para intrigar, tejer o urdir un mal

contra mí, mi Estado, mis vasallos o mi tierra.

BOLINGBROKE

Lo juro.

MOWBRAY

Yo también juro cumplirlo.

BOLINGBROKE

Norfolk, te hablo a ti como rival:

si el rey lo hubiera permitido, a estas horas

tu alma o la mía vagaría por el aire

desterrada de este frágil sepulcro de la carne,

cual nuestra carne está desterrada de esta tierra.

Confiesa tu traición antes de partir.

Pues largo es tu camino, no te lleves

la agobiante carga de un alma culpable.

MOWBRAY

No, Bolingbroke. Si alguna vez he traicionado,

bórrese mi nombre del libro de la vida

y sea yo también desterrado del cielo.

Mas lo que tú eres, lo sabemos Dios, tú y yo,

y me temo que muy pronto el rey va a lamentarlo. –

Adiós, Majestad. No puedo extraviarme:

salvo a Inglaterra, puedo ir a cualquier parte.

 

Sale.

 

RICARDO

Tío, por el vidrio de tus ojos

veo el dolor de tu alma. Tu triste semblante

le ha quitado a su destierro cuatro años.

[A BOLINGBROKE] Una vez pasados seis fríos inviernos,

has de ser muy bien venido a tu regreso.

BOLINGBROKE

¡Qué tiempo más largo en tan corta palabra!

Cuatro inviernos, cuatro verdes primaveras

las quita una voz cuando un rey alienta.

GANTE

Agradezco a Vuestra Majestad el que por mí

acorte en cuatro años su destierro.

Mas poco provecho voy a sacar yo,

pues antes que los seis años de su exilio

cambien lunas y consuman estaciones,

mi lámpara vacía, mi luz que mengua

la extinguirán la edad y la noche eterna,

morirá mi llama, y ya la ciega muerte

no me dejará que vea al hijo ausente.

RICARDO

Tío, tienes mucha vida por delante.

GANTE

Mas ni un minuto, rey, que vos podáis darme.

Podéis quitarme días con amargura,

robarme noches; darme un mañana, nunca.

Ayudaréis al tiempo a surcar mi cara,

mas ni una arruga impediréis en su marcha.

Vuestra voz puede matarme, mas, ya muerto,

vuestro reino no podrá comprar mi aliento.

RICARDO

Tu hijo está desterrado tras buen dictamen

y tu palabra tuvo parte en la sentencia.

¿Por qué ahora te ensombrece el veredicto?

GANTE

Lo dulce se vuelve amargo al digerirlo.

Me consultasteis como juez, mas yo antes

quisiera haber actuado como padre.

Ah, si en vez de ser mi hijo es un extraño,

con su culpa yo habría sido más templado:

no quería que de parcial se me acusara,

y di un juicio que mi vida aniquilaba.

Ah, yo esperaba que alguno me dijera

que era duro con un hijo en mi condena,

mas dejasteis que con juicio tan reacio

contra mi deseo me hiciese este agravio.

RICARDO

Adiós, primo. Tío, tu adiós le has de dar:

por seis años le destierro, y parte ya.

 

Sale [con su séquito]. Clarines.

 

AUMERLE

Adiós, primo. Lo que ignore por tu ausencia,

que tus cartas me permitan que lo sepa.

 

[Sale.]

 

LORD MARISCAL

Mi señor, no me despido, pues cabalgo,

mientras pueda quedar tierra, a vuestro lado.

GANTE

¿Por qué eres tan avaro de palabras

que no devuelves el saludo a tus amigos?

BOLINGBROKE

Para daros mi adiós ahora me faltan,

cuando la lengua debe prodigarse

en exhalar todo el dolor que lleva el pecho.

GANTE

Esa pena es por estar un tiempo ausente.

BOLINGBROKE

Ausente el gozo, tendré dolor presente.

GANTE

¿Qué son seis inviemos? Pasarán muy pronto.

BOLINGBROKE

Cuando hay dicha. La pena, de una hora hace diez.

GANTE

Tómalo por viaje que vas a hacer por gusto.

BOLINGBROKE

Suspirará mi corazón si así lo llamo,

pues lo siente como una peregrinación forzada.

GANTE

El triste curso de tus duros pasos

sea el oro en que vayas a engastar

la preciada joya del regreso.

BOLINGBROKE

No, pues cada paso trabajoso

no hará más que recordarme cuánto mundo

me separa de las joyas que más amo.

¿No voy a hacer un largo aprendizaje

de sendas extranjeras para, al fin,

cuando esté libre, jactarme solamente

de ser un operario del dolor?

GANTE

Cuantos lugares visita el ojo del cielo

son puertos y refugios para el sabio.

Enseña a tu necesidad que considere

que no hay mayor virtud que la necesidad.

No pienses que el rey te ha desterrado,

sino tú al rey. La pena agobia más

donde siente que menos la soportan.

Vamos, di que te envié a alcanzar honor,

no que el rey te ha desterrado, o imagina

que la peste voraz contagia el aire

y que has huido hacia un lugar más sano.

Piensa que todo lo que adora tu alma

está en el sitio al que vas, no del que vienes.

Supón que los pájaros son músicos,

la hierba que pisas, alfombra de palacio,

las flores, bellas damas, y tus pasos, nada más

que una dulce pavana o una danza:

la pena que gruñe puede morder menos

a quien le hace burla y no la toma en serio.

BOLINGBROKE

Ah, ¿quién puede aguantar fuego en la mano

pensando en el Cáucaso y sus hielos?

¿O saciar su excitado apetito

con la simple imagen de un festín?

¿O desnudo revolcarse en la nieve del invierno

pensando en un ficticio calor de verano?

Ah, no: el pensamiento de lo bueno

nos da mayor idea de lo peor;

pues el diente del dolor más envenena

cuando muerde sin dejar herida abierta.

GANTE

Ven, hijo, vamos; te llevaré al camino.

Con tu edad y causa, ya hubiera partido.

BOLINGBROKE

Adiós, pues, mi Inglaterra, dulce suelo,

nodriza y madre mía que me llevas.

Donde yo vaya, me preciaré de ser,

por más que desterrado, un buen inglés.

 

Salen.

 

I.iv Entran el rey [RICARDO] con BAGOT y GREEN por una puerta, y el Duque de AUMERLE, por otra.

 

RICARDO

Ya lo he notado. - Primo Aumerle,

¿hasta dónde acompañaste al gran Hereford?

AUMERLE

Acompañé al gran Hereford, si así le llamáis,

hasta el primer camino, y allí le dejé.

RICARDO

Dime, ¿hubo muchas lágrimas de despedida?

AUMERLE

Por mi parte, ninguna, si no es que el viento,

que soplaba desabrido en nuestras caras,

despertó al durmiente flujo, y así, por azar,

honró nuestro aparente adiós con una lágrima.

RICARDO

¿Qué dijo mi primo al despedirse?

AUMERLE

«Adiós»,

y, como a mi alma repugnaba que mi lengua

profanase esta palabra, me las compuse

para fingir un pesar tan angustioso

que parecía sepultarme las palabras.

Si un «adiós» hubiera alargado las horas

y añadido años a su breve destierro,

le habría dado un libro entero de adioses,

pero, al no ser posible, no le di ni uno.

RICARDO

Primo, él es primo nuestro; aunque es dudoso

que, cuando en su hora vuelva del destierro,

nuestro pariente venga a ver a sus amigos.

Nos mismo, y Bushy, Bagot y Green

hemos notado que adulaba al pueblo,

que parecía meterse en su alma

con humilde y afable cortesía

y malgastaba reverencias con esclavos,

halagando al artesano con arteras sonrisas

y soportando con paciencia su infortunio,

casi para llevarse al destierro su cariño.

Se quita el gorro ante una pescadera,

dos carreteros le desean que Dios le ayude

y reciben el tributo de su genuflexión

con un «gracias, amigos, compatriotas»,

cual si fuera a ser suya mi Inglaterra

y él mi sucesor a los ojos de mis súbditos.

GREEN

Bueno, ya se ha ido, y con él estas ideas.

Ahora, respecto a los rebeldes irlandeses,

se impone desbravarlos pronto, Majestad,

antes que nuestra omisión les dé más medios

en beneficio suyo y vuestra pérdida.

RICARDO

A esta guerra he de ir yo en persona

y, pues mis arcas, con tan regia corte

y tan pródigos obsequios, se han aligerado,

me veo en la obligación de arrendar mi reino,

con cuyas rentas podremos atender

los asuntos que llevamos. Si esto no basta,

dejaré fueros en blanco a mis representantes

para que, sabiendo quiénes son los ricos,

los rellenen indicando grandes sumas

con las que subvenir a mis necesidades,

pues salgo para Irlanda de inmediato.

 

Entra BUSHY.

 

¿Alguna novedad, Bushy?

BUSHY

El viejo Gante está muy grave, mi señor,

tras enfermar de pronto, y envía a toda prisa

a rogar a Vuestra Majestad que le visite.

RICARDO

¿Dónde está?

BUSHY

En Ely House.

RICARDO

Entonces, que Dios inspire a su médico

para que le facilite la tumba cuanto antes.

Del contenido de sus arcas saldrán cotas

para los soldados de esta guerra de Irlanda.

Venid, señores, vamos a visitarle.

Dios quiera que lleguemos tarde yendo aprisa.

TODOS

Así sea.

 

Salen.

 

II.i Entra Juan de GANTE, enfermo, con el Duque de YORK y otros.

 

GANTE

¿Vendrá el rey, para que mi último aliento

sirva de consejo a su impulsiva juventud?

YORK

No te aflijas, ni fuerces tu aliento,

pues en vano entra el consejo en sus oídos.

GANTE

Ah, mas dicen que la voz de un moribundo

cual honda armonía fuerza la atención.

Si hay pocas palabras, no se han de gastar:

si alientan dolor, alientan verdad.

Al que va a callar, tu oído le aplicas

mucho más que a un joven con halago y labia:

más se observa nuestro fin que nuestra vida.

Un ocaso y una música que acaba,

cual regusto de lo dulce, se han grabado

en nuestro recuerdo más que lo pasado.

Si Ricardo mi consejo nunca oyó,

quizá en mi agonía vaya a oír mi voz.

YORK

No, pues sus oídos están llenos de alabanzas

y lisonjas, cuyo gusto agrada al más prudente;

lujuriosos versos de sonido venenoso

que los jóvenes escuchan tan atentos;

noticias de las modas de la regia Italia,

que nuestro mimético país siempre sigue

servilmente, cojeando y rezagado.

¿Qué vanidad se inventa nuestro mundo

- ya puede ser vil, mientras sea nueva –

que no se la susurren de inmediato?

El consejo llega demasiado tarde

donde voluntad y razón combaten.

No quieras guiar al que va en su senda:

te falta el aliento para que lo pierdas.

GANTE

Me siento como un profeta inspirado,

y ahora al expirar le auguro esto:

no durará su fiera llama del desorden,

pues el fuego violento muy pronto se consume.

La llovizna se prolonga, la tormenta es breve.

Quien mucho espolea se cansa mucho antes.

Tragar vorazmente atraganta al glotón.

La huera vanidad, buitre insaciable,

agotando medios, a sí misma se devora.

Este trono de reyes, esta isla coronada,

esta augusta tierra, esta sede de Marte,

este nuevo Edén, semiparaíso,

este bastión, que la naturaleza ha levantado

contra la peste y el brazo de la guerra,

esta estirpe afortunada, este mundo en pequeño,

esta gema engastada en mar de plata

que hace de muralla defensora

o de foso protector del edificio

contra la envidia de países menos venturosos;

esta tierra bendita, este reino, esta Inglaterra,

esta nodriza, este feraz vientre de reyes,

temibles por su sangre y famosos por su cuna,

renombrados por hazañas extranjeras

en servicio cristiano y caballeresco,

cual en la rebelde Judea el sepulcro

del redentor del mundo, el hijo de María;

esta tierra de almas tan queridas, tierra amada,

querida por su fama en todo el mundo,

ahora está en arriendo - decirlo me mata –

como cualquier propiedad o triste finca.

A Inglaterra, ceñida por un glorioso mar,

cuyas rocas repelen el asedio maligno

de Neptuno, ahora la ciñen la deshonra,

las manchas de tinta y los corruptos pergaminos.

Inglaterra, acostumbrada a derrotar,

se ha infligido a sí misma vil derrota.

Si con mi vida cesara esta vergüenza,

¡qué feliz sería mi pronta muerte!

 

Entran el rey [RICARDO], la REINA, AUMERLE, BUSHY, GREEN, BAGOT, ROSS y WILLOUGHBY.

 

YORK

Aquí está el rey. Sé benigno con su juventud,

que la brida enfurece al potro ardiente.

REINA

¿Cómo está nuestro noble tío Lancaster?

RICARDO

¿Qué hay de bueno, hombre? ¿Qué tal el viejo Gante?

GANTE

¡Ah, qué bien rima mi nombre con mi estado!

Viejo Gante, sí: viejo menguante.

En mí el dolor ha guardado un duro ayuno,

pues, ¿hay hambriento que el ayuno aguante?

Mucho he velado a la dormida Inglaterra;

velar nos vuelve flacos y menguantes.

El placer que a algunos padres da sustento,

es decir ver a los hijos, es mi ayuno,

y en este ayuno me has dejado sin aguante.

El flaco Gante, ya menguante, irá a la tumba,

cuyo vientre no tendrá más que mis huesos.

RICARDO

¿Juguetean los enfermos con su nombre?

GANTE

No: es la desgracia que se ríe de sí misma.

Ya que aspiras a matar mi nombre en mí,

riéndome de él, gran rey, te adulo a ti.

RICARDO

¿Adula un moribundo a los que viven?

GANTE

No, no: los vivos adulan al que muere.

RICARDO

Mas tú dices que me adulas, ya muriendo.

GANTE

Ah, no: mueres tú, aunque yo sea el enfermo.

RICARDO

Estoy muy sano, respiro y te veo mal.

GANTE

Quien me creó sabe que yo te veo mal

y que, viendo mal, puedo ver tu mal.

Tu lecho de muerte no es más que tu reino,

en el que yace enfermo tu prestigio,

y tú, paciente tan despreocupado,

confías la cura de tu ungido cuerpo

a los médicos que empezaron por herirte.

En tu corona hay mil aduladores,

cuando su cerco no es mayor que tu cabeza,

pero, encerrado en tan estrechos límites,

el destrozo no es menor que tu país.

Si tu abuelo hubiera presagiado

que el hijo de su hijo acabaría con sus hijos,

te habría apartado esta vergüenza

deponiéndote antes que te dieran posesión,

pues ya te ha poseído para deponerte.

Sobrino, aunque rigieses todo el mundo,

arrendar esta tierra ya sería una deshonra,

y si esta tierra es todo el mundo que tú riges,

¿no es más que deshonra deshonrarla de este modo?

Eres el propietario de Inglaterra, no su rey,

tu privilegio legal a la ley te somete

y tú...

RICARDO

... un necio y torpe lunático,

aprovechando el privilegio del enfermo,

te atreves con tu fría amonestación

a hacer que palidezca, expulsando con furia

mi real sangre de su innata residencia.

Por la regia majestad de mi trono,

que si no fueras hermano del hijo de Eduardo,

esa lengua que te rueda loca en la cabeza

te haría rodar esa cabeza irreverente.

GANTE

No me salves, hijo de mi hermano Eduardo,

porque yo sea hijo de su padre Eduardo.

Cual pelícano, esa sangre la has sacado

y te la has bebido hasta embriagarte.

Mi hermano Gloucester, alma llana y buena,

que Dios tenga entre sus bienaventuradas,

es clara muestra de que no te ha importado

derramar la sangre del gran Eduardo.

Únete a la dolencia que me aqueja

y sea tu crueldad como la corva vejez

para arrancar una flor ya muy marchita.

Vive en tu vergüenza, y no muera contigo.

Sean mis palabras tu eterno suplicio.

Llevadme a la cama; después, que me entierren.

Amen la vida los que amor y honra tienen.

 

Sale.

 

RICARDO

Y que mueran los que huraña vejez tienen.

Ya que estás con ella, va bien que la entierren.

YORK

Majestad, os ruego que imputéis sus palabras

al desvarío de su dolencia y a sus años.

Por mi vida, que os ama y quiere de veras

como ama a su hijo, si él aquí estuviera.

RICARDO

Eso es: amor del hijo, amor del padre.

Tal el de ellos, tal el mío; más no se hable.

 

Entra NORTHUMBERLAND.

 

NORTHUMBERLAND

Majestad, el viejo Gante se encomienda a vos.

RICARDO

¿Qué dice?

NORTHUMBERLAND

Nada, todo está dicho.

Su lengua es ahora instrumento sin cuerdas.

Ya ni voz, ni vida, ni nada le queda.

YORK

Sea York el siguiente en esta bancarrota.

Aunque pobre, el muerto queda sin congojas.

RICARDO

El